INTRODUCCIÓN
La enfermedad de Crohn (EC) es una enfermedad inflamatoria intestinal crónica de etiología desconocida que cursa con brotes de actividad que alternan con periodos de remisión de duración variable. Puede afectar a cualquier tramo del tracto gastrointestinal, siendo la localización más frecuente la ileocólica (hasta en el 50% de los pacientes)1,2.
El desarrollo de las nuevas dianas terapéuticas ha permitido un mayor control de la enfermedad y una disminución del número de cirugías en las últimas décadas. No obstante, el tratamiento quirúrgico será inevitable en un número importante de pacientes, a lo largo del curso de la enfermedad: por falta de respuesta a los tratamientos médicos o debido a la aparición de complicaciones como estenosis intestinales, abscesos, plastrones o fístulas. Un estudio poblacional reciente muestra que la probabilidad de precisar cirugía en el diagnóstico de la enfermedad es del 19% y se eleva al 25% a los 5 años3,4.
Sin embargo la cirugía no es curativa, siendo una característica de la enfermedad la reaparición de lesiones intestinales en zonas previamente no afectas, generalmente en la anastomosis ileocólica o el íleon neoterminal (Fig. 1) Este concepto se conoce con el término de recurrencia postquirúrgica.

La tasa de recurrencia endoscópica postoperatoria, en ausencia de tratamiento, oscila entre el 65-90% durante el primer año, y asciende al 80-100% a los 3 años5,6. La recurrencia endoscópica precede al desarrollo de síntomas clínicos, por ello solo el 20% de los pacientes mostraran manifestaciones clínicas durante el primer año de la cirugía7.
Tras la cirugía, uno de los objetivos del seguimiento es el diagnóstico precoz de recurrencias postquirúrgicas para establecer el tratamiento más adecuado y evitar nuevas resecciones intestinales.
La ileocolonoscopia es la técnica de referencia para detectar y valorar la gravedad de la recurrencia posquirúrgica. Se emplea el índice de Rutgeerts7, que mide la presencia y gravedad de las lesiones endoscópicas en pacientes intervenidos. Se ha demostrado que la gravedad de las lesiones mucosas está relacionada con nuevos brotes de la enfermedad, siendo un buen predictor de recurrencia clínica y de complicaciones.
La recomendación actual según las guías de la European Crohn´s and Colitis Organitation (ECCO) y el grupo español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa (GETECCU) es la realización de una ileocolonoscopia a los 6-12 meses de la intervención8,9.

ENTEROGRAFÍA POR RESONANCIA MAGNÉTICA EN EL SEGUIMIENTO POSQUIRÚRGICO DE LA ENFERMEDAD DE CROHN
La RM está experimentando un gran auge en la valoración de los pacientes con enfermedad de Crohn, tanto en el diagnóstico y seguimiento como en la valoración de la recurrencia posquirúrgica, como lo demuestra el gran número de publicaciones científicas sobre el tema, así como el hecho de que cada vez más unidades de enfermedad inflamatoria la estén incorporando en la práctica clínica diaria6. Sin duda, su mayor capacidad de diferenciación tisular y, sobre todo, la ausencia de radiación ionizante junto con la capacidad de valorar la cavidad abdominal y, por tanto, todo el tracto gastrointestinal en un solo estudio, son las razones más poderosas que hacen de la RM una técnica cada vez más demandada. Existen trabajos en la literatura que estudian la utilidad de la RM-enteroclisis en la recurrencia posquirúrgica de la enfermedad de Crohn4, que obtienen una sensibilidad del 100 % y una especificidad del 89 % en la detección de recidiva moderada o severa, siendo incluso preferible a la endoscopia en cuanto a la capacidad de la primera de valorar todo el tracto intestinal en un solo estudio; no obstante, basándose en estudios previos donde se demuestra una precisión diagnóstica similar a la RM-enteroclisis para la detección de la enfermedad de Crohn y sus complicaciones7,8, la técnica de RM más utilizada, por su menor agresividad que la enteroclisis y su menor tiempo de ocupación de sala y ausencia total de radiación, es la enterografía por RM (enteroRM) con ingesta de un volumen de 1-1,5 l de una solución de manitol o polietilenglicol (PEG).
Al igual que en los pacientes no intervenidos, la enteroRM nos proporciona criterios semiológicos claros para detectar la actividad inflamatoria, tanto intestinales como son el engrosamiento mural, la presencia de edema, úlceras y el hiperrealce del intestino afecto tras la administración de contraste, como mesentéricos, tales como el edema perientérico, las adenopatías y la presencia de abscesos.
En relación con el estudio de las estenosis, se recomienda la utilización de secuencias multifase que permiten la visualización del asa fija que no se modifica durante la secuencia (vídeo 1), con posible presencia de dilatación prestenótica (fig. 3), pudiendo haber un realce homogéneo tras la administración de contraste, así como edema mural en secuencias potenciadas en T2 con supresión de la grasa que reflejan el mayor o menor grado de componente inflamatorio9.

No obstante, hay una gran variabilidad en la técnica de RM utilizada. Aunque hoy en día se está generalizando el uso de la enteroRM, en la literatura reciente hay evidencia de una utilización nada despreciable de la técnica de la enteroclisis según centros, así como una variabilidad entre el contraste oral utilizado, el volumen y el tiempo de ingesta del mismo, siendo más homogénea la combinación de secuencias de RM y la utilización de contraste intravenoso. Es importante la aplicación global de una técnica de enteroRM que permita la comparación de resultados y la validación de sistemas de puntuación.
En aquellos pacientes que son tratados con colectomía total y reservorio ileoanal debido a diagnósticos preoperatorios de colitis indeterminada o de colitis ulcerosa, y que luego son revaluados como enfermos de Crohn, también se establece un seguimiento para descartar recurrencia de la enfermedad o aparición de complicaciones, debiendo conocer los hallazgos normales para diferenciarlos de los patológicos. El reservorio ileoanal se confecciona mediante una anastomosis laterolateral de la última asa ileal que, a su vez, se anastomosa con el ano. Tanto con RM como con TC, tenemos que identificar la línea de la sutura que aparecerá hiperdensa en TC e hipointensa en secuencias T1-T2 en RM, pudiendo en esta producir artefacto paramagnético en algunas secuencias como la potenciada en difusión (DWI).
Por otro lado, estos pacientes pueden presentar recurrencia de la enfermedad, cuyos signos más específicos son la presencia de estenosis, abscesos o fístulas10, que tenemos que diferenciar de la reservoritis o inflamación inespecífica de la pared del reservorio (fig. 4).

También los pacientes sometidos a colostomía definitiva por enfermedad perianal severa que no responde al tratamiento pueden presentar recidiva, más frecuentemente en el estoma y en el colon próximo al mismo, que aunque puede ser valorado endoscópica y ecográficamente sin problemas debido a la fácil accesibilidad, la enteroRM y, en concreto, la secuencia potenciada en difusión tiene gran sensibilidad para su valoración (fig. 5).

TOMOGRAFÍA COMPUTARIZADA Y ECOGRAFÍA EN EL SEGUIMIENTO POSQUIRÚRGICO DE LA ENFERMEDAD DE CROHN
La TC ha sido hasta hace pocos años la técnica de elección para la valoración de la actividad en los pacientes con enfermedad de Crohn, sobre todo en el manejo diagnóstico de las complicaciones extraluminales de la enfermedad, teniendo alta sensibilidad y especificidad en la detección de abscesos y fístulas enteroentéricas o enterocutáneas. No obstante, el empleo de radiaciones ionizantes hace poco idónea su utilización repetida, sobre todo en pacientes jóvenes, dado el riesgo de desarrollo de neoplasias abdominales que conlleva la radiación acumulada11. Aun así, por su gran resolución temporoespacial y su gran disponibilidad, es una técnica de gran utilidad en la detección de actividad en los pacientes con sospecha de recurrencia posquirúrgica. Los mejores valores de sensibilidad y especificidad respecto a la actividad inflamatoria y la presencia de complicaciones se obtienen cuando la TC se realiza con la administración de contraste oral para la distensión de las asas de intestino delgado. De esta manera, hay autores que se decantan por la intubación nasoyeyunal para la introducción de contraste oral, o TC-enteroclisis, mientras que otros prefieren, por su mayor comodidad e inocuidad, la enteroTC, en la que la distensión intestinal se alcanza ingiriendo un volumen de 1-1,5 l de contraste. Así, las sustancias más utilizadas son la metilcelulosa en el caso de la TC-enteroclisis, y el manitol o el PEG en la enteroTC.
Los hallazgos valorados con la TC para el diagnóstico de recurrencia en pacientes con resección ileocólica son:
- El engrosamiento mural con hiperrealce y estratificación.
- La dilatación preanastomótica.
- El aumento del número y tamaño de los vasa recta.
- La presencia de adenopatías hipercaptantes.
- La existencia de abscesos y/o fístulas (fig. 6).

En el trabajo de Soyer et al. encuentran que el realce estratificado y el engrosamiento > 3 mm de la anastomosis son las dos variables independientes para la diferenciación entre anastomosis normal o patológica, con una especificidad del 100 % en el diagnóstico de recidiva para el primero12; así mismo, el realce estratificado y el “signo del peine” son las dos variables para la diferenciación entre recurrencia inflamatoria y fibroestenosis.
No está claro qué papel puede desempeñar la TC-colonografía en el diagnóstico de la recurrencia posquirúrgica. Biancone et al. estudiaron una serie corta de 16 pacientes con esta técnica y con colonoscopia óptica, encontrándola útil en pacientes con estenosis postoperatoria con dificultad para el seguimiento endoscópico13. En la práctica clínica puede ser una técnica alternativa a la endoscopia en casos seleccionados de pacientes con estenosis colónicas que no permiten el paso del endoscopio o en pacientes que se niegan a la endoscopia.
El tránsito intestinal baritado es una de las técnicas disponibles para detectar recurrencia de actividad inflamatoria, habiendo sido utilizado clásicamente en el estudio de pacientes con sospecha o con enfermedad de Crohn luminal. Sus características más destacables son la excelente visualización del patrón mucoso y la información de la dinámica intestinal; no obstante, en la actualidad ha sido relegado en virtud de las técnicas seccionales, por su mayor capacidad de valorar, no solo la mucosa, sino también el resto de la pared intestinal así como el componente extraluminal de la enfermedad, estando sujetas estas técnicas radiológicas al interés y grado de experiencia del radiólogo, así como a la variabilidad en la interpretación de las imágenes. Patel et al14. publicaron un estudio que compara la sensibilidad y especificidad del tránsito intestinal y la TC con contraste oral en la detección de recidiva inflamatoria en el íleon neoterminal, obteniendo unos valores de 90 y 85 % y 77 y 69 %, respectivamente, alcanzando un 95 y 69 % cuando se utilizan ambas pruebas de modo combinado. Estos autores concluyen indicando la utilidad del tránsito baritado por poseer mejor capacidad que la TC para detectar úlceras aftosas, mientras que esta última es más útil en detectar complicaciones extraluminales como los abscesos.
La ecografía es una técnica no invasiva, que no utiliza radiaciones ionizantes, bien tolerada por los pacientes y que ha demostrado una buena precisión en la valoración y en la detección de recurrencias posquirúrgicas15, siendo su capacidad de detectar y localizar la enfermedad, los factores que más influyen en su precisión diagnóstica2. Por su gran disponibilidad, es una de las técnicas de imagen más utilizadas, si bien es operador dependiente y puede tener dificultades en la valoración de segmentos profundos. Puede realizarse de manera convencional valorando el engrosamiento mural y el grado de señal Doppler de la pared del asa afecta, la estenosis y/o dilatación de las asas y la afectación del mesenterio (fig. 7), así como las complicaciones como las fístulas y abscesos.

En algunos centros se realizan estudios de ecografía con distensión luminal mediante la ingesta oral de líquido, lo que puede aumentar la sensibilidad y la especificidad para detectar lesiones en pacientes con sospecha o con enfermedad de Crohn ya conocida, siendo una alternativa en la valoración de la recurrencia posquirúrgica de estos pacientes16. No obstante, Castiglioni et al. compararon ambas técnicas ecográficas, y no vieron aumentadas la sensibilidad y especificidad de manera significativa cuando administraban contraste oral, como para recomendar el empleo rutinario de la misma en el contexto clínico de la recurrencia posquirúrgica17.
En el trabajo realizado por Martínez et al., los parámetros ecográficos que muestran mayor correlación con la presencia de actividad clínica o biológica son el engrosamiento mural y el aumento de la señal del Doppler color en la pared intestinal18.
Rispo et al. encuentran una sensibilidad del 79 % y una especificidad del 95 % para el diagnóstico de recurrencia en el primer año tras la cirugía, alcanzando el 94 y 100 %, respectivamente, cuando se trata de detectar casos severos19 tomando un valor de corte de > 5 mm para la medida del grosor de la pared intestinal.
Por otro lado, desde la aparición de contrastes ecográficos de segunda generación, la ecografía con administración de contraste intravenoso (CEUS) se está convirtiendo en una técnica de gran utilidad en la valoración de la actividad en la enfermedad inflamatoria intestinal en general, y en el caso de la recurrencia posquirúrgica en particular (fig. 8). Así mismo, con el desarrollo de programas de cálculo del porcentaje de realce de la pared intestinal se puede inferir la presencia de microvascularización secundaria a la inflamación20.

CORRELACIÓN ENTRE LAS TÉCNICAS ENDOSCÓPICAS Y RADIOLÓGICAS
Tras la resección quirúrgica es importante detectar a los pacientes con recurrencia precoz de la enfermedad para instaurar un tratamiento médico que evite la aparición de síntomas y para que la recurrencia endoscópica no se traduzca en recurrencia clínica. Los pacientes deben abandonar el tabaquismo y recibir un tratamiento farmacológico en las dos semanas posteriores a la intervención33.
Para la monitorización del tratamiento, en la actualidad es preferible la utilización de técnicas de imagen dada la poca aceptación de la endoscopia por los pacientes y sus limitaciones en la exploración de segmentos de intestino proximal y ante la presencia de estenosis en la anastomosis.
En el primer estudio que comparó la ecografía con la endoscopia en pacientes operados, Andreoli et al. obtuvieron una sensibilidad del 81 %, especificidad del 86 % y precisión diagnóstica del 83 % para diagnosticar recidiva de la enfermedad aplicando un valor de corte de > 5 mm de grosor mural, recomendando la ecografía como técnica de primera elección dejando la ileocolonoscopia para casos dudosos34.
También, la ecografía con contraste oral en manos expertas tiene valor como técnica alternativa a la endoscopia en la detección de recurrencia de la enfermedad tras la resección quirúrgica. Calabrese et al. obtienen una sensibilidad del 92,5 %, un valor predictivo positivo (VPP) del 94 % y una precisión diagnóstica del 87,5 % cuando comparan la ecografía con contraste oral con la endoscopia (con la valoración mediante el Índice de Rutgeerts)25.
En cuanto a la ecografía con contraste intravenoso, Paredes et al. en un estudio realizado sobre 60 pacientes con enfermedad de Crohn intervenidos a los que se les realizó tanto CEUS como endoscopia, una puntuación ecográfica de 2, que incluye grosor mural > 5mm, o realce mural > 70 % o la presencia de fístulas, presentó una sensibilidad, especificidad y precisión diagnóstica de 97,9 %, 91,7 % y 96,7 %, respectivamente, para la detección de recurrencia severa28.
La RM-enteroclisis tiene un valor predictivo sobre la recidiva de la enfermedad en los pacientes sometidos a resección ileocólica según Koilakou et al. Estos autores validan el índice de recurrencia basado en esta técnica propuesto por Sailer18, en el que se obtiene una sensibilidad del 100 % y una especificidad del 89 % para detectar un grado leve de afectación cuando se agrupan los pacientes en MR0-MR1 (ausencia o afectación leve que se tratarían con fármacos convencionales) y MR2-MR3 (afectación moderada-severa que necesitarían terapia inmunosupresora o incluso nueva cirugía)19.
El grupo de Gallego et al. al comparar la enteroRM con la ileocolonoscopia en pacientes intervenidos encontró una buena correlación entre ambas técnicas para la valoración de actividad, aplicando un índice de actividad en RM que agrupaba a los pacientes en dos grupos, sin actividad o leve, y con actividad moderada-severa, en relación con su peor pronóstico y necesidad de tratamientos más agresivos20.
Minordi et al. encuentran una buena correlación entre los hallazgos de recurrencia postquirúrgica de TC y los de la endoscopia, pudiendo diferenciar entre recurrencia leve-moderada (que sería susceptible de tratamiento médico) y grave (que podría requerir cirugía) sin encontrar diferencias significativas entre la enteroTC y TC-enteroclisis para la distensión intestinal, y por tanto, para la detección de actividad35.
En la revisión de Panés et al. se postula que el grado de alteraciones en los resultados radiológicos es similar a la gravedad de las lesiones endoscópicas con un nivel de evidencia 2b y un grado de recomendación B10.
CONCLUSIÓN
En conclusión, dada la alta frecuencia de la recurrencia de la enfermedad de Crohn tras la cirugía y la necesidad de monitorización del tratamiento médico en estos pacientes, es lógico pensar en la necesidad de técnicas de imagen que no empleen radiaciones ionizantes, pudiendo utilizar, dada su alta sensibilidad y especificidad bien la ecografía o la enteroRM, dependiendo de la disponibilidad y la experiencia del radiólogo, , dejando la TC para situaciones de urgencia que no puedan resolverse con la ecografía. Sería interesante, no obstante, alcanzar una mayor homogeneidad en cuanto al modo de realización de las técnicas de imagen, sobre todo de la RM, así como de criterios diagnósticos de recidiva de la enfermedad.
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